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sábado, 3 de marzo de 2012




Todo vibra en el universo: desde una roca, hasta un pájaro, pasando por algo tan intangible como nuestros pensamientos. La diferencia es que algunas vibraciones son sutiles (pensamientos) y otras son densas (roca). Cuanto más vibramos más invisibles somos, cuando menos más densos.

En Yoga Kundalini cantamos mantras, ¿por qué?. Es sencillo, los mantras son fórmulas basadas en la vibración del sonido que alteran los patrones de la mente. Estos mantras llegan a nosotros después de haber sido utilizados y probados por los grandes maestros desde siglos atrás. Los mantras siempre son sonidos positivos. Muchas veces nos han dicho o hemos podido comprobar lo importante que es el pensamiento positivo para la recuperación de una enfermedad. Igualmente muchas veces se atraen las desgracias simplemente teniendo un pensamiento negativo. La palabra es importante, muy importante; tenemos que tener cuidado con lo que decimos y con lo que pensamos porque la vibración positiva o negativa de nuestras palabras afectará a nuestra vida y a la de los que nos rodean.

Cantar mantras es un método (milenario) consciente para controlar y dirigir la mente. Nos transformamos en lo que vibramos. ¿Cómo funciona?.
En el paladar duro, el que forma el techo de la boca, existen 84 puntos meridianos que se localizan a lo largo del interior de los dientes. El movimiento de cada parte de la lengua estimula estos puntos meridianos que mandan impulsos al hipotálamo. El hipotálamo está conectado por vasos sanguíneos a la glándula pituitaria, la glándula que controla al resto de la glándulas. Esto se traduce en instrucciones que regulan mensajeros químicos que van a todas la áreas vitales del cerebro y del cuerpo.

Naad Yoga es la ciencia que estudia cómo las vibraciones del sonido afectan el cuerpo, la mente y el espíritu por el movimiento de la lengua, la boca y los cambios químicos que se producen en el cerebro.

Shabh es la vibración o corriente de sonido que disuelve el ego, el cual nos impide ver nuestro auténtico ser.








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